| Quienes hacen ejercicio físico han podido comprobar los beneficios que aporta sobre su estado de ánimo: se sienten bien, algunos hasta eufóricos. ¿Qué mecanismos fisiológicos explican este efecto? Diferentes estudios muestran que el ejercicio no sólo tiene efectos positivos sobre los músculos y el esqueleto, sino también sobre el cerebro: estimula la producción de factores que protegen y mejoran la actividad neuronal y ayuda a regular los niveles de ciertos neurotransmisores involucrados en el estado de ánimo. |
Nos calzamos las zapatillas y vamos al gimnasio porque sabemos que hacer ejercicio es bueno. Nos ayuda a mantener o reducir el peso y puede disminuir el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular o diabetes. No es poco. Pero ¿y si además de todo esto la actividad física nos estuviera ayudando mentalmente? Es cierto que tras hacer deporte nos sentimos más despiertos y estamos de mejor humor, pero no solemos ser conscientes del poder que el ejercicio tiene sobre nuestro cerebro. Sin embargo, cada vez hay más estudios que demuestran lo beneficioso que és, no sólo en el proceso de aprendizaje, sino en casos de depresión, ansiedad o enfermedad de alzhéimer. 'El cerebro funciona como cualquier otro músculo: crece con el uso y se debilita con la inactividad'. John Ratey, psiquiatra de la Universidad de Harvard, es un ferviente defensor de las posibilidades terapéuticas del ejercicio físico y se lo receta a la mayoría de los pacientes de su consulta en Cambridge (Estados Unidos). 'El ejercicio tiene un profundo impacto sobre las habilidades cognitivas y la salud mental y es uno de los mejores tratamientos para algunos problemas psiquiátricos. Es un antidepresivo y mucho más', sostiene. Ratey cree que si la actividad física se pudiera meter en una botella o sintetizar en un fármaco, ya se habría vendido como un tratamiento revolucionario. En su último libro, 'Spark, the Revolutionary New Science of Exercise and the Brain' (Chispa, la nueva ciencia revolucionaria sobre el ejercicio y el cerebro), que acaba de aparecer en Estados Unidos, Ratey recopila los estudios científicos publicados y explica cómo el ejercicio ha mejorado la vida de algunos de sus pacientes. El ejercicio es bueno porque prepara y estimula las conexiones entre neuronas, y también porque propicia su desarrollo. Esta relación es clave si tenemos en cuenta que en casos de depresión severa, las conexiones entre las neuronas están debilitadas y que en la enfermedad de alzhéimer, los depósitos anormales de proteína beta-amiloide dañan y acaban matando a las neuronas. La protagonista del efecto beneficioso del ejercicio es, según Ratey, una molécula llamada factor de neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, en sus siglas en inglés) y que actúa como un fertilizante de las neuronas, alimentándolas, reforzándolas y protegiéndolas. El ejercicio es una de las mejores maneras que tiene nuestro organismo de producir esta sustancia. Así, mientras estamos corriendo, jugando a tenis o caminamos a paso ligero, estamos propiciando que el cerebro trabaje, se regenere y se fortifique, igual que cualquier otro músculo del cuerpo. Y estamos creando un entorno favorable para que las neuronas se puedan comunicar bien entre ellas. En este sentido, el ejercicio actúa igual que fármacos antidepresivos como el Prozac (fluoxetina), que hace que aumente la cantidad de serotonina disponible. La depresión parece estar vinculada a un déficit de serotonina, que es un neurotransmisor implicado en las emociones y el estado de ánimo. Pero a diferencia de los fármacos, que suelen actuar sobre una sustancia en concreto, el ejercicio parece además equilibrar el conjunto de neurotransmisores que hay en el cerebro. 'Mantener el cerebro en equilibrio puede cambiar nuestra vida', asegura Ratey. 'La depresión es una erosión de las conexiones en la vida y en el cerebro, y el ejercicio las restablece'. Además, el ejercicio no tiene ninguno de los efectos adversos que se han observado en algunos antidepresivos, como el aumento de los pensamientos suicidas en niños y adolescentes. Ratey quiere dejar claro que él no está en contra de recetar fármacos y reconoce que en ciertos casos es necesario tomarlos. En muchos casos, sostiene, los antidepresivos y el ejercicio son tratamientos complementarios, y en otros, el ejercicio solo puede ser igual de eficaz que una pastilla. La prueba de que la actividad física puede llegar a ser tan eficaz como un antidepresivo se obtuvo en 1999, en estudio de la Universidad de Duke, en EE UU, cuando se comparó la evolución de tres grupos de pacientes con depresión: unos fueron tratados con un antidepresivo, otros sólo con ejercicio y los terceros con una combinación de fármacos y ejercicio. Los resultados no mostraron diferencias: en los tres grupos se redujeron significativamente los casos de depresión. Además, hace poco, un metanálasis de distintas investigaciones llegó a la conclusión de que los antidepresivos como el Prozac no son mucho más efectivos que el placebo para tratar la depresión leve y moderada. 'No hay nada malo en tomar medicamentos, pero si puedes obtener los mismos resultados a través del ejercicio, entonces lo que haces es que el paciente gane confianza en él mismo', asegura Ratey en conversación telefónica. Pero las bondades del ejercicio no se limitan a mejorar la depresión. Según diversos trabajos, la actividad física prepara el cerebro para el aprendizaje, mejora el humor y la capacidad de atención y reduce el estrés y la ansiedad. También puede reducir las adicciones y controlar los efectos de los cambios hormonales, sobre todo en las mujeres menopaúsicas. En el caso de las enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer, el hecho de que el ejercicio pueda ayudar a reestablecer las conexiones entre las neuronas es crucial. Alentados por estas conclusiones, algunos centros geriátricos estadounidenses están implantando programas de ejercicio. 'No deja de sorprenderme observar cómo el cerebro se puede reparar a sí mismo si movemos el cuerpo', apunta Ratey. Pero no fue hasta finales de la década de los noventa que se aceptó la idea de que el cerebro es plástico y puede generar nuevas neuronas. Hasta que el investigador Fred Gage, del Salk Institute de San Diego (EE UU) demostró en tejidos cerebrales de pacientes que habían muerto de cáncer que el cerebro humano podía crear nuevas neuronas, fenómeno conocido como neurogénesis, se pensaba que el cerebro no podía producir nuevas células. A partir de este hallazgo la comunidad científica ha ido aportando más pruebas de la plasticidad del cerebro y su capacidad de renovación. Desde su despacho del Salk Institute, Gage explica en conversación telefónica que el ejercicio tiene un papel clave en la proliferación de las células. 'La actividad física actúa sobre la proliferación celular, que es la base de la creación de nuevas neuronas. Para que las células madre se conviertan en neuronas tienen que dividirse y madurar, un proceso que puede tardar meses. Sorprendentemente, la experiencia influye en el número de células nuevas que sobreviven y en su proceso de maduración, y lo que hemos observado es que con el ejercicio aumenta el ritmo de división de estas células'. Según Gage, la circulación sanguínea tiene un papel primordial en el proceso: cuando se hace ejercicio ésta aumenta y facilita que ciertas proteínas lleguen mejor al cerebro y a las células madre que hay en él. Según Gage, la neurogénesis tiene un impacto directo sobre la capacidad de aprendizaje de una persona, su memoria y estabilidad emocional. / Ester Riu, especial para UNO. |
jueves, 8 de mayo de 2008
El ejercicio físico mejora las neuronas
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