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lunes, 30 de noviembre de 2009

Una infección vaginal común, ¿se transmite sexualmente?

 Un nuevo estudio aporta más evidencias de que la vaginosis bacteriana (VB), que es la infección vaginal más común en las mujeres en edad reproductiva, es una enfermedad de transmisión sexual.

La VB ocurre cuando se pierde el equilibrio normal entre las bacterias "buenas" y "malas" en la vagina. Mientras que ciertos factores de riesgo sexuales, como tener parejas múltiples, están asociados con la VB, se desconoce el papel de la actividad sexual en su transmisión.

Décadas atrás, los científicos creían que la VB era una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Pero varios estudios posteriores lo cuestionaron.

Todavía existen dudas sobre qué patógeno causa la VB; otro problema es que se halló la infección tanto en mujeres "vírgenes" como en mujeres con experiencia sexual.

Pero en los últimos años, la idea sobre la VB volvió a cambiar. Un estudio sobre la importancia del uso del preservativo y la cantidad de parejas sexuales en el riesgo de VB renovó la idea de que se trata de una ETS.

En el nuevo estudio, un equipo de investigadores en Australia halló que de 528 universitarias revisadas, todas con experiencia sexual (ya sea penetración u otras formas de contacto sexual) tenía VB.

Pero sí se identificó la infección en el 6 por ciento de las participantes que habían tenido relaciones sexuales con penetración y en el 4 por ciento de las que habían tenido otros tipos de contacto sexual, como el sexo oral y el contacto manos-genitales.

Es más, el riesgo de VB aumentó según la cantidad de parejas sexuales que una mujer había tenido el año previo. La que había tenido relaciones sexuales con penetración con más de tres parejas era siete veces más propensa a tener VB que aquellas con menos parejas.

Eso sugiere que, si bien no está definido cuál es el patógeno o los patógenos causantes de la VB, "parecería que se trataría de una enfermedad de transmisión sexual", dijo a Reuters Health la autora principal, doctora Katherine A. Fethers, del Centro de Salud Sexual de Melbourne, en Victoria.

Lo importante para las mujeres, agregó la experta, es que la VB es prevenible.

"Sabemos que la cantidad de parejas y la no utilización del preservativo están asociados con la VB, de modo que podemos deducir consejos preventivos", dijo Fethers.

"Recomendamos el uso del preservativo para reducir el riesgo de VB", indicó la investigadora.

En cuanto a las evidencias de VB en vírgenes, el equipo respondió que dos estudios muy citados no reunieron datos sobre otro tipo de actividad sexual, más allá de la penetración.

Los estudios demuestran que ciertas ETS, incluido el herpes y el virus del papiloma humano (VPH), pueden transmitirse por distintos tipos de actividades sexuales.

Los síntomas de la VB son flujo vaginal, olor, picazón y quemazón al orinar, aunque a menudo las mujeres no tienen síntomas.

La VB no causa problemas graves, pero la infección aumenta la vulnerabilidad al VIH u otras ETS. La VB en el embarazo puede elevar el riesgo de complicaciones, como el parto prematuro.

La infección puede desaparecer sola, pero los expertos aconsejan un tratamiento antibiótico para todas las mujeres con VB para prevenir complicaciones. (fuente: Journal of Infectious Diseases, 1 de diciembre del 2009 y Reuters Health)

miércoles, 5 de agosto de 2009

Evidencia física no es frecuente en niñas abusadas sexualmente

NUEVA YORK - Hay una noticia que dificultaría aún más el trabajo de los investigadores de abusos sexuales: las niñas que afirman haberlos sufrido reiteradamente con penetración genital rara vez presentan evidencias físicas que puedan probarlo, publicó la revista Pediatrics.

El equipo del doctor Jim Anderst, de Children's Mercy Hospitals and Clinics, en la ciudad de Kansas, trabajó en un centro de defensa infantil con 506 mujeres, de entre 5 y 17 años, que informaron haber sufrido abuso con penetración genital.

En todos los casos, el abuso había ocurrido 72 horas antes de la llegada de las niñas y las adolescentes al centro.

Los investigadores clasificaron el abuso como "penetración" cuando la niña o la adolescente creía que "el pene del abusador había estado 'dentro' de sus genitales".

Cualquiera de los siguientes signos fue considerado "evidencia definitiva": una "transección" (o desgarro) curado del himen, la pérdida de un segmento del himen o señales de traumatismo genital, como sangrado, cortes o hematomas.

Por el motivo del estudio, el equipo no accedió a las historias clínicas de cada paciente. En cambio, confió sólo en los relatos de las mujeres y las observaciones de exámenes genitales.

Confiar en el relato de la víctima es la forma habitual de evaluar el abuso sexual, ya que el equipo explica que es difícil que los niños puedan inventar ese tipo de historias.

De hecho, según los autores, un estudio previo sobre víctimas infantiles de abuso sexual halló que el 60 por ciento de los niños subinformaba la frecuencia o la gravedad de los actos sexuales y ninguno los sobreinformaba.

Sólo 56 niñas (el 10 por ciento) tenían una evidencia "definitiva", que en todos los casos fueron desgarros curados del himen en niñas de 10 o más años de edad.

La cantidad de penetraciones genitales que las participantes informaron no modificó la probabilidad de tener o no signos físicos del abuso.

De hecho, el equipo no pudo hallar evidencias definitivas en el 87 por ciento de las niñas que dijeron que habían sufrido penetración más de 10 veces.

Las menores de 10 años fueron dos veces más propensas a informar más de 10 penetraciones, pero ninguna tenía signo físico que lo probara.

"Los mismos resultados se observaron en víctimas de ataques reiterados con penetración genital percibida sufridos durante un período prolongado, como así también en víctimas que ya habían tenido relaciones sexuales consentidas", precisaron los autores.

El equipo opinó que las explicaciones posibles de esos resultados incluyen:

* Lesiones se curaron

* Penetración que no causó lesión

* Algunas niñas interpretaron o describieron el contacto genital como penetración real

Mientras que las historias detrás del relato de abuso de cada participante no fueron parte del estudio, el equipo describe un caso como ejemplo: una niña de 12 años, que fue víctima del abuso de su hermanastro 209 veces durante más de un año.

Ella anotó cada abuso en su diario personal, con gran detalle, incluido su dolor y sangrado y el momento en el que el preservativo del abusador salía de su vagina. Aun en esa niña no hubo una "evidencia definitiva" de la penetración vaginal.

Esa niña, comentaron los autores, finalmente informó el abuso porque "él se lo podía hacer a alguien más". (fuentes: Pediatrics, septiembre del 2009 y Reuters Health)

jueves, 30 de julio de 2009

Matrimonio duradero mejora la calidad de la salud

Las personas que se casan de por vida tendrían una mejor calidad de salud que los eternos solteros, aunque enviudar afectaría significativamente el bienestar.

Históricamente, los estudios demostraron que las personas casadas, como grupo social, suelen tener mejor salud que los solteros, aunque estudios más recientes sugieren que esa ventaja del matrimonio estaría desapareciendo.

En la nueva investigación, los autores hallaron que los estadounidenses casados de mediana edad y mayores tendían a calificar mucho mejor su salud que los que nunca se habían casado. Aquel grupo tenía también menos síntomas de depresión y limitaciones de la movilidad.

Por otro lado, a los adultos divorciados o viudos les fue peor en ciertos indicadores de salud que a los solteros, incluida la cantidad de enfermedades crónicas informadas.

"En promedio, (los viudos o divorciados) sufren un 20 por ciento más enfermedades y un 23 por ciento más limitaciones físicas", escribió el equipo en Journal of Health and Social Behavior.

Volverse a casar pareció reducir algunos de los efectos sobre la salud del divorcio o la viudez. De todos modos, los hombres y las mujeres que se volvieron a casar seguían teniendo en general menor calidad de salud que el grupo casado desde hacía años.

"Perder el matrimonio por un divorcio o la viudez es extremadamente estresante y ese período de alto nivel de estrés atenta contra la salud", declaró por escrito la investigadora Linda J. Waite, profesora de sociología de la University of Chicago.

"Hay que pensar en la salud como si fuera dinero en un banco. El matrimonio es un mecanismo para 'restar' o sumar salud. El divorcio es un período de gastos altísimos", agregó la experta.

Los resultados surgen de datos sobre más de 9.100 estadounidenses de 50 años o más, que participaron en una encuesta nacional de salud en 1992.

El 55 por ciento estuvo casado continuamente, el 4 por ciento nunca se había casado y el resto se había divorciado o había enviudado por lo menos una vez.

La historia marital estuvo asociada con el estado de salud general, aún cuando Waite y su colega Mary Elizabeth Hughes analizaron la edad, la etnia, el sexo y la educación de los participantes.

Los resultados no necesariamente significan que con sólo estar casado se tenga garantía de salud.

Una limitación del estudio, según sus autores, es que no incluyó información sobre la calidad del matrimonio. Estudios previos habían hallado que las personas que mantienen un matrimonio no feliz tendrían más riesgo de sufrir problemas de salud, como hipertensión, depresión y enfermedad cardíaca. (fuentes: Reuters Health y Journal of Health and Social Behavior, junio del 2009)

jueves, 16 de octubre de 2008

Ser adicto al sexo no tiene gracia


Los afectados sufren temblores, ansiedad y síndrome de abstinencia. Esta obsesión enfermiza les lleva a buscar relaciones sexuales para mitigar la angustia. El 85% son hombres


Vale ya de chistes fáciles. Ser adicto al sexo es ser un adicto. Es como ser yonqui. Miedo, temblores, mono. Sesiones de horas de sexo que no producen placer y que sólo mitigan por unos instantes la angustia, la ansiedad. El infierno por el que pasó Ricardo, que perdió sus dos trabajos y a su mujer, nos servirá para entender de qué hablamos. Vale ya de chistes fáciles. Ser un adicto al sexo no tiene ninguna gracia.

La adicción al sexo está en el centro del debate. Y no porque el actor David Duchovny haya pasado por una clínica. Hoy por hoy, no está reconocida como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (Disease Statistical Manual -DSM IV TR-), la biblia de los psiquiatras, el manual que permite efectuar un diagnóstico. Stricto sensu, no existe. Muchos de los que en Estados Unidos preconizan que se incluya en la próxima revisión de esta biblia, en 2012, otorgan una dimensión moral al debate, un cierto puritanismo. En España, un buen número de los que apoyan su incorporación al DSM abogan porque se reconozca una realidad innegable. El debate está abierto y lleno de matices. Pero hay algo en lo que todos, psiquiatras, terapeutas, sexólogos y pacientes, coinciden: estar enganchado al sexo no tiene ninguna gracia.

Las luces de los clubes de carretera, cada dos por tres, saliendo a su paso. Para Luis, circular de noche con su coche era exponerse a volver a caer. Luis es un nombre ficticio. Sólo su familia sabe que es adicto al sexo. El estigma social en torno a esta enfermedad es una losa.

Le cuesta contar su historia. Sentado en una consulta del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, recuerda sus días de calvario. Las luces de colores de los clubes eran como la musiquilla que llama al ludópata para que eche otra moneda a la máquina. 'Todo está perfectamente pensado para atraerte', dice, y tuerce el gesto: 'La tentación es más grande que la voluntad'.

Luis tiene 44 años y trabaja como comercial. O sea, viaja constantemente. Su trabajo le ofreció durante años una cierta cobertura, un catálogo de coartadas para su mujer. Hasta que llegaron los problemas de dinero. Entonces ya no hubo modo de tapar la evidencia con más mentiras.

Empezó a frecuentar prostíbulos con los libros de la Facultad bajo el brazo. Siempre iba solo. El trabajo trajo dinero, y el dinero, más visitas a los clubes. Noches cada vez más largas. Despertares junto a dos chicas. Prostitutas que le vendían coca para aguantar toda la noche. La factura de esas escapadas fue creciendo. Llegó a gastarse 2.400 euros en una noche. (informe: 
JOSEBA ELOLA,EL PAÍS Madrid)

Comenzó a llegar tarde a sus citas laborales. A utilizar su dinero y el de la empresa. A vigilar el buzón para interceptar las cartas del banco. Llegó un momento en que abría las páginas de contactos de los periódicos y sólo con ver el teléfono sabía en qué club se encontraba la chica del anuncio. 'Los últimos tres meses fueron de locura, iba de putas todas las noches'. Hasta que se encontró en un callejón sin salida, hace cuatro años. 'El dinero me faltaba, la empresa me lo podía reclamar. Piensas en desaparecer, en estamparte contra un camión. Pero tuve un momento de lucidez y llamé a mis hermanos', dice subiendo la voz.

Necesitaba 8.000 euros. Le dijeron que no. Que pidiera un préstamo y que hiciera frente al problema ingresando en el Cetras. 'Ahora agradezco que no me dejaran ese dinero, enfrentarme a mi problema fue lo mejor que podía hacer'.

Cuatro años de terapia han pasado. Luis sigue acudiendo todos los miércoles por la tarde a este centro situado junto al campus universitario de Valladolid. Su mujer le dio una oportunidad y la ha aprovechado. Ha superado 'el distanciamiento' que le separaba de ella. Ha aprendido a disfrutar de 'los pequeños placeres de la vida'. Juega de nuevo con su hijo. 'Hay que pedir ayuda antes de llegar al límite', dice. Eso sí, nunca más podrá llevar una visa en el bolsillo.

'Es una patología de la libertad', dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Cuando hay adicción, la persona lo pasa mal, no encuentra satisfacción, es incapaz de frenar y su obsesión interfiere en su vida. Afecta a su trabajo, a su capacidad de concentración, a su economía.

Hay parejas que practican sexo dos o tres veces al día y eso no significa que sean adictos al sexo. 'Eso es la pasión de una relación que comienza, por ejemplo', declara la sexóloga Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. Hay personas que se masturban dos veces al día, dice, y eso no tiene por qué ser patológico. 'Si eso no les causa problemas con su pareja, si no interfiere en su vida, si saben controlarlo, no hay problema. La persona que sufre adicción sólo obtiene placer en el momento, al final del clímax sexual ya se siente mal, vuelve la ansiedad, que va a más y que necesita volver a aplacar con más sexo'.

De hecho, más de uno se agarra a la cantinela de la adicción al sexo para justificar su comportamiento en pareja. La sexóloga Charo Castaño, que atiende a mujeres en el Instituto Palacios, cuenta que en ocasiones ellas vienen acompañadas del marido, que dice que la mujer no le da lo que él quiere y que por eso lo busca fuera de casa, que no lo puede evitar. Francisco Cabello, presidente de la Liga Internacional para la Promoción de la Salud Sexual, asegura que es una coartada frecuente. 'Si un hombre es infiel, no es que tenga una enfermedad, es que ha roto con sus valores. También hay gente que utiliza con frecuencia la prostitución y no tiene una adicción al sexo'. Cabello también recibe a parejas en las que el hombre plantea que su mujer tiene adicción porque lo quiere hacer todos los días: 'Son casos de falta de deseo masculino, hacerlo todos los días no es malo, ¿acaso decimos que alguien es adicto cuando ve dos partidos de fútbol al día?'.

Fernando Pérez del Río, autor del libro Nuevas adicciones, ¿adicciones nuevas?, defiende que hace falta un diagnóstico común para todas las adicciones. 'No hay gran diferencia entre el adicto al sexo y el drogadicto. No podemos estar inventando una nueva adicción cada tres años, se crea alarma social'. En el Cetras de Valladolid, de hecho, uno de los centros pioneros en adicciones sociales en España, los adictos a las compras, a Internet y al sexo hacen terapia juntos.

Miércoles pasado, 18.30. Nueve pacientes están sentados en corro. Adelina Bernardo, la terapeuta, dirige la sesión. Hay una nueva incorporación al grupo, una mujer de mediana edad que se ha vuelto adicta al messenger, así que toca que cada uno de los pacientes se presente. Luis, el único adicto al sexo que acude a la terapia esta tarde, da el paso adelante y cuenta su caso. Poco después interviene Juan. 'Yo entré aquí en el año 2000. Dejé el alcohol y lo cambié por una adicción a las compras. Me mentía a mí mismo y mentía a todos los demás'. Olga, de 26 años, sentada a su lado, asiente. Ella padece bulimia y dependencia emocional, una adicción en la que una persona se convierte en el objeto adictivo de la otra. Todos tienen la sensación de tener mucho en común.

'Cuando escucho a alguien contar su adicción a la coca o al alcohol, siento que ésa es mi historia', dice Ricardo, otro de los nueve pacientes adictos al sexo que acuden a este centro, 'el sudor, los temblores, la angustia, el miedo, el deseo desenfrenado de conseguir lo que necesitas'. Ricardo -nombre ficticio-, de 49 años, perdió una casa y dos puestos de trabajo por su espiral adictiva. Su mujer le dejó. Cuando entraba en un restaurante, fijaba la mirada en una mujer, le daba igual que estuviera acompañada. La miraba y hacía un gesto. Si ella se levantaba al baño, aprovechaba el momento y se acercaba a proponerle un encuentro furtivo. 'No me importaba que me diera una bofetada, si lo lograba, conseguía mi objetivo. No tenía reglas, ni moral, ni respeto por nada', dice, sujetando su cabeza entre las manos. Tuvo una recaída el pasado mes de enero. Dejó de comer, perdió 22 kilos, se le empezó a caer el pelo. Su mujer, de la que se separó un tiempo, ha vuelto junto a él para apoyarle.

Los adictos al sexo consultados dicen que siempre les faltó personalidad. Que no sabían decir que no. Que existía una enorme falta de autoestima y de confianza en sí mismos. Como Pedro, que trabaja solo en casa y cuya vida cambió con la llegada de Internet. Casado y con tres hijos, lleva cinco años en terapia. 'Podía visitar páginas porno durante 12 o 14 horas al día. Acabé con molestias en el codo, de tanto usar el ratón', cuenta, apesadumbrado. Aún no ha salido del túnel, sigue trabajando en casa, e Internet está ahí. 'Es como tener un mechero en una mano y un cigarro en otra para un adicto al tabaco'.

Hay clínicas que ofrecen soluciones milagrosas al problema en 45 días. De hecho, los famosos suelen ingresar en centros de los que salen al poco tiempo. 'En 45 días da tiempo a que la persona se centre y se dé cuenta de que tiene un problema', dice Adelina Bernardo. Hacen falta entre seis meses y un año para que la persona se estabilice. Y como ella suele explicar, ser adicto al sexo es como tener diabetes. Hay que mantenerse vigilante toda la vida, como el alcohólico que no debe volver a probar un sorbo. Eso sí, con la terapia se puede volver a la vida, salir del infierno.

martes, 30 de septiembre de 2008

El bypass gástrico eleva las testoteronas

Luego de someterse a un bypass gástrico, los niveles de testosterona de los hombres casi se duplican durante el año siguiente, indicó un estudio presentado en una reunión desarrollada en Argentina.

Los resultados de la investigación fueron dados a conocer en el XIII Congreso Mundial de la Federación Internacional para la Cirugía contra la Obesidad, realizado en Buenos Aires.

El autor principal, el doctor John Morton, del Centro Médico de la Stanford University, en California, explicó que ese nivel de aumento fue "inesperado" y que explicaría, por lo menos en parte, por qué muchos pacientes recuperan la erección y el impulso sexual después de adelgazar.

"La mejoría de la sexualidad masculina después de la cirugía es multifactorial. Pero la testosterona es el principal responsable fisiológico de la función sexual", dijo Morton a Reuters Health.

El equipo estudió a 48 hombres con obesidad mórbida (con un índice de masa corporal promedio de 48) antes y después de la cirugía para adelgazar.

El 50 por ciento de los pacientes tenía niveles totales de testosterona en sangre por debajo del nivel normal antes de la cirugía. Después de la intervención, el nivel promedio de la hormona masculina aumentó significativamente.

Al año, casi todos los hombres tenían niveles de testosterona dentro del rango normal.

"Esperaba una leve mejoría, dentro del 30 por ciento, pero no del 100 por ciento", reconoció Morton. (fuente: Reuters)

viernes, 12 de septiembre de 2008

La obesidad no interpone la actividad sexual en la mujer

El índice de masa corporal (IMC) de una mujer no tiene un papel significativo en su actividad sexual.

"Las mujeres obesas o con sobrepeso son tan activas sexualmente como aquellas con peso normal y necesitan también información sobre los riesgos del embarazo no planificado e infección", dijo Bliss E. Kaneshiro a Reuters Health.

El equipo dirigido por Kaneshiro, de la University of Hawaii, en Honolulu, analizó las respuestas de 6.690 mujeres de 15 a 44 años que participaron en la Encuesta Nacional 2002 de Crecimiento Familiar.

La cohorte es representativa de las mujeres que vivían en ese momento en Estados Unidos.

La mitad tenía entre 30 y 45 años y alrededor del 16 por ciento tenía entre 15 y 19 años, publicó Obstetrics and Gynecology.

El 54 por ciento presentaba peso normal (IMC menor a 25). Otro 25 por ciento tenía sobrepeso (IMC entre 25 y 30) y un 21 por ciento tenía obesidad (IMC superior a 30).

El IMC es la relación entre el peso y la altura que se usa para determinar si una persona está por debajo o encima de su peso normal.

Los grupos organizados según el peso tenían características similares de edad, estado civil, etnia, educación e ingreso total.

Pero una mayor proporción de mujeres con peso normal dijo que no había tenido un hijo hasta ese momento y una mayor cantidad de mujeres con sobrepeso y obesidad dijo que había tenido tres o más hijos.

El equipo no halló diferencias significativas entre los grupos relacionadas con la orientación sexual, la frecuencia de las relaciones sexuales, la cantidad de parejas actuales, la edad de la primera relación sexual o la cantidad de parejas masculinas desde entonces o en el último año.

Sin embargo, el equipo observó de manera inesperada que las mujeres obesas y con sobrepeso tendían a informar una mayor historia de relaciones sexuales con un hombre que las mujeres con peso normal, aunque la primera relación fue más tardía.

Los autores sugieren que se necesitan más estudios sobre la asociación entre el IMC y el comportamiento sexual femenino, dado que esa asociación podría aumentar el riesgo de embarazos no planificados y enfermedades de transmisión sexual. Fuente: Reuters y Obstetrics and Gynecology, septiembre del 2008

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Todas las actividades sexuales tienen algún riesgo de enfermedad


 Todas las actividades sexuales, incluido el coito, implican algún riesgo de generar enfermedades de transmisión sexual (ETS) y los médicos deberían asegurarse de que sus pacientes lo comprendan, informó el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG).

Muchas personas tendrían relaciones sexuales "sin coito", como el sexo oral, la masturbación mutua y el sexo anal para evitar el embarazo y reducir el riesgo de ETS.

Sin embargo, todos esos actos sexuales conllevan algún nivel de riesgo de ETS, por lo que una comisión de expertos del ACOG insistió en la importancia de que las personas se protejan.

"La mayoría de las personas, incluidos los adolescentes, no usan preservativo durante el sexo oral, lo que aumenta el riesgo de adquirir una ETS", declaró a través de un comunicado del ACOG el doctor Richard Guido, coautor del informe.

"Eso se debe en parte a la percepción de una mayor seguridad que en el coito", añadió Guido.

En la revista Obstetrics & Gynecology, el panel recomienda que los médicos le pregunten a los pacientes adultos y adolescentes sobre todas sus actividades sexuales y que los aconsejen sobre cómo reducir el riesgo de ETS.

Aunque "es un tema sensible para tratar entre pacientes y médicos, es importante hablar sobre la sexualidad con franqueza y sin juzgar para ayudar a nuestros pacientes a protegerse adecuadamente de las ETS", agregó Guido.

Si bien el panel del ACOG señala que el sexo oral es más seguro que la penetración vaginal o anal, aclara que tiene sus riesgos.

Los virus que causan herpes y verrugas genitales y hepatitis se pueden transmitir a través del sexo oral. Lo mismo ocurre con las bacterias de la sífilis, la gonorrea y la clamidia.

Cuando se trata de la transmisión del VIH, la penetración anal es la de mayor riesgo, seguida de la penetración vaginal, precisó el ACOG. Con todo, también se identificaron casos de infección por VIH durante el sexo oral.

"Las relaciones sexuales sin coito no representan necesariamente sexo seguro", escribió el equipo.

Los autores aconsejan el uso "correcto y constante" de preservativos durante todas las actividades sexuales, pero especialmente durante la penetración vaginal y anal.

Las relaciones monógamas y los análisis para detectar ETS antes de iniciar una relación ayudan también a reducir la transmisión de ETS. Otra precaución, señalaron los expertos, es limpiar los juguetes sexuales entre usos.

Se recomienda la detección de la clamidia en las mujeres sexualmente activas menores de 25 años y de la gonorrea en todos los adolescentes sexualmente activos. Las demás pruebas de detección de ETS se realizan según los factores de riesgo o los síntomas individuales.

El panel del ACOG apunta que las lesbianas deben hacerse los mismos controles que las mujeres heterosexuales.

"La mayoría de las lesbianas han tenido relaciones sexuales con hombres alguna vez. Pero aunque así no haya sido, existen algunas ETS que pueden transmitirse entre mujeres durante la actividad sexual", dijo Guido. Fuente: reuters y obstetrics & gynecology, septiembre del 2008

viernes, 25 de julio de 2008

Más comidas en familia reducen sexo riesgoso en adolescentes


Los padres que no quieren que sus hijos tengan relaciones sexuales riesgosas deberían darle prioridad al tiempo en familia, indicó un nuevo estudio.

Los adolescentes que participaron en actividades familiares tenían relaciones sexuales con menos frecuencia, protegidas y con menos parejas, halló el equipo dirigido por la doctora Rebekah Levine Coley del Boston College.

La mayoría de los estudios sobre cómo los padres cuidan a sus hijos y el comportamiento sexual adolescente sólo analizó si los adolescentes tenían o no relaciones, sin incluir el nivel de riesgo sexual adoptado, explicó Coley a Reuters Health.

Pero dado que dos de cada tres adolescentes en Estados Unidos tienen relaciones antes de los 19 años, ellos necesitan más información específica para que comprendan mejor los riesgos a los que se exponen, precisó el equipo en Journal of Adolescent Health.

Para investigarlo, y definir mejor si las cualidades de la crianza que reciben influyen sobre el comportamiento sexual de los hijos, y no viceversa, el equipo usó técnicas estadísticas cada vez más rigurosas para analizar los resultados de una encuesta a 4.950 adolescentes estadounidenses, de los que 1.058 eran hermanos.

Los adolescentes tenían entre 12 y 16 años al inicio del estudio y repitieron la encuesta cada tres años.

Al comparar la calidad de la crianza y el comportamiento sexual entre hermanos en el mismo hogar, el equipo pudo descartar relaciones posibles entre causa y efecto.

El equipo halló que cuantas más cenas en familia tenía un adolescente o hacía "algo religioso" o se divertía en familia, menos posibilidades tenía de desarrollar conductas sexuales riesgosas.

Con todo, tener un padre o una madre con una conducta "negativa y psicológicamente controladora" elevó la posibilidad de que un adolescente tuviera relaciones sexuales riesgosas. Eso incluye "criticar las ideas de los adolescentes y controlar y dirigir lo que piensan y sienten", explicó Coley.

"Un estilo de crianza negativo y psicológicamente controlador inhibiría el desarrollo adolescente de autoeficiencia e identidad, interferiría con la capacidad de tomar decisiones maduras y responsables y afectaría el desarrollo de relaciones sanas, lo que aumentaría la posibilidad de que los hijos adopten conductas riesgosas", sugirieron los autores.

Por otro lado, agregaron, las actividades familiares son "un apoyo básico para los hijos porque es una oportunidad para que reciban afecto, se puedan comunicarse y se transmitan valores y creencias".

Los resultados demuestran, dijo Coley, que "lo que los padres hacen con sus hijos adolescentes es muy importante". / Reuters